Cerezo (Prunus avium): cerezo silvestre.
Características generales:
árbol caducifolio que puede alcanzar los 16-20 metros de
altura, de copa de forma de pirámide. Corteza gris y lisa
de joven, que en la madurez es rugosa y se desprende en tiras delgadas
y horizontales. Las ramas jóvenes carecen de pelos. Hojas
obovadas, acabadas en pico, con 1 ó 2 glándulas rojizas
en la base; borde dentado. Se vuelven de color carmesí o
amarillo en otoño. Las flores aparecen pronto. Son de color
blancas, con largos rabitos. Los frutos son las cerezas, que tienen
color oscuro brillante, en ocasiones anaranjado, con forma globosa
y sabor dulce o algo ácido.
Brota de cepa, salvo cuando son viejos.
Hábitat: en la Península
es más frecuente en sistemas montañosos, aunque también
puede vivir en valles, siempre que haya suficiente humedad ambiental.
En general aparecen individuos aislados. Habitan en bosques de caducifolios
y linderos, sobre suelos frescos y húmedos. Prefiere suelos
calcáreos. Soporta bastante bien el frío, aunque es
muy sensible a las heladas tardías.
Aprovechamientos: los frutos
pueden tomarse crudos, o emplearse en la elaboración de licores
(aguardiente, kirsch). Los de las formas silvestres y naturalizadas
son más pequeños y menos gratos de sabor. Sin embargo,
constituyen la base alimenticia de numerosas aves.
La madera, de tonos rojizos, puede usarse en la elaboración
de tallas y muebles. Es de muy buena calidad, por lo que se aconseja
el cultivo del cerezo con este fin.
En los ejemplares cultivados puede declararse una enfermedad denominada
cancreo, provocada por bacterias.
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