El cáñamo es una planta herbácea que florece anualmente y necesita
mucha humedad para su desarrollo. Es de tallo recto y fibroso y
el fruto es pequeño, casi esférico llamado cañamón. Antaño tuvo
gran importancia (en La Riba se dejó de trabajar a mediados de siglo)
y hoy en día es un cultivo en regresión, casi extinguido.
El proceso de elaboración de las fibras de esta planta, que proporcionaba
a la gente la materia prima para la elaboración de tejidos, es el
siguiente:
El cáñamo, en La Riba, se sembraba en Marzo y principalmente
en los huertos. Se hacía a boleo y en abundante cantidad por medio
de los cañamones. Se recolectaba en Septiembre y nada más cogerlo
se desgranaba y se seleccionaban los cañamones, unos para la siembra
en años venideros y otros como complementos alimenticios(en bodas
y otros actos se daba con anisillos, se hacían tostajos, etc.).
A continuación se juntaba en manojos grandes, llamadas gavillas,
y luego se llevaban a la "Fuente Abajo", donde se hacían unas charcas,
en la acequia de la fuente, y allí se echaban unas piedras encima
para que se pudrieran los tallos duros, así estaban entre 9 y 15
días.
Después de permanecer en el agua, el cáñamo, se dejaba secar, poniéndole
cada uno donde pudiese, los sitios preferidos eran "Las Eras", "La
Soledad" y "La Cabezuela". En "La Soledad" y tras dejarlo secar
se colocaban los instrumentos necesarios para obtener las fibras
de tan preciada hierba. Estos instrumentos como la grama (popularmente
conocida como machaca, de las que había muy pocas en el pueblo alrededor
de seis), era manejada por hombres y servía para separar la fibra
del cáñamo que quedaba separada de una especie de capa que cubría
la verdadera brizna, a continuación se ponía en una madera que tras
darle con "la espada", se obtenían unas hebras muy finas, "como
pelo", y otras de más grosor, dependiendo del diferente tipo de
tejido que se quería conseguir. Las fibras se separaban por grosores,
las de tejidos más vastos (utilizadas para hacer costales, talegas
y otros lienzos) y las más finas (para hacer sábanas, camisas, ropas
para el horno, mantas para las mulas, mantas retajeras, etc.).
A continuación, las mujeres, el cáñamo lo hilaban en su rueca
lo hacían madejas y lo metían en ceniza. Las madejas las cocían
en una caldera y en un coción con agua caliente y continuamente
les echaban agua con ceniza (de madera de chaparro, a veces si no
había aquí se bajaba a La Loma a por ella) esta fase era
la de la colada, después las embarnizaban en ceniza y las dejaban
cerca de una semana, las llevaban al río y les quitaban la ceniza.
Posteriormente se volvían a colar varias veces, se aclaraban bien
y con el agua resultante del proceso de colarlo se obtenía un líquido
utilizado como lejía. Luego los ovillos eran llevados al tejedor
(situado en principio en Esplegares, luego en La Loma
y al final en Ribarredonda) y después de que el tejedor
convirtiera las madejas en las piezas requeridas se precisaba volverlas
a colar para la obtención de la pieza ya blanca. Se bajaban las
piezas al río (al molino), se tenía la pieza ocho días al sol y
había que regarlas. Además el cáñamo también se podía teñir.
Hace unas décadas las fibras artificiales sustituyeron a las naturales.
Si tenemos en cuenta la riqueza que suponía poseer varias camisas
de cáñamo o algunas sábanas en el ajuar se puede valorar el esfuerzo
que a nuestros mayores le suponía esta actividad que ocupaba gran
parte de su tiempo.
Ricardo Villar Moreno
con la colaboración de Josefa Macho
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